14 de febrero de 2013

El orgullo



Esta es la historia de la pareja perfecta.

Un adiós sin razón, un perdón que ninguna estuvo dispuesta a dar. Una noche de domingo esperé hasta la 1 de la mañana su llamada. Sabía que llegaría en la noche al país y yo esperaba el momento de sentir la alegría al ver su número de teléfono aparecer en el mío. La noche pasó, la madrugada llegó fría y llena de ansiedad y su llamada nunca llegó. Si tan solo me hubiese llamado esa noche la historia sería otra. Mi orgullo no me permitió tomar un bus e ir a buscarla, y el suyo se sentía herido, lastimado y traicionado. La confianza me la perdió y yo perdí la fe en  su amor.

Algunas veces hablábamos y yo confiaba en que me aceptaba como  yo soy, con mis defectos, mis locuras, mis tristezas, mis ilusiones y mis ideales. Qué fue eso que no pudo perdonar? Cuál fue esa barrera que no pudimos pasar? No lo sé. Estuvo dos años en mi vida , como mi  novia, era la mujer perfecta  para mí, inteligente, linda, confiable, interesante, muy buena en todos los sentidos y simplemente yo era féliz a su lado. Un amor debe superar los altibajos en la vida, comprender a la otra persona y no juzgarla, aceptar que no vemos el mundo de la misma forma y que lo que para ella era algo sencillo para mi podía ser el más oscuro tormento. Cometí errores, lo sé, pero no creo que alguno tan grande que no pudiera perdonar.

El tiempo pasó,  cada una siguió abrazada a su orgullo Las dos sabemos que podemos superar la ruptura, lo hicimos. Pero, eso fue lo mejor? Nos quedamos con la duda de saber que hubiese sido de nosotras si una o la otra diera marcha atrás y proponer intentarlo nuevamente, una nueva oportunidad para nuestro amor. Escribimos nuevas historias, pusimos nuevas barreras y nadie hizo nada para rescatar el amor. Al día de hoy son ya casi 3 años y ninguna está dispuesta a bajar la guardia.

Tenías razón en una cosa, no sé cómo escribir acerca de nosotras.  

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